PRESENTACION MODELO DE ATENCION A LA MASCULINIDAD VIOLENTA
El Centro de Estudios de Género del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) presenta a la opinión pública su modelo de atención a la masculinidad violenta para la formulación de políticas públicas en el abordaje de la violencia de género.
El modelo “Abordaje desde la cultura de la dominación: Androcentrismo, prevención de la violencia basada en género e intervención con hombres agresores”, desarrollado por el doctor Ángel Pichardo Almonte, se dirige al desmonte de las raíces culturales de la violencia masculina y a la asunción de una visión integral de responsabilidad social y de compromiso con su erradicación.
El modelo que hoy presentamos es el resultado de la diversidad de acciones que en relación al tema de la violencia ha desarrollado este Centro de Estudios de Género (CEG), entre las que se destacan la capacitación, investigación, sensibilización y promoción de espacios de discusión para la retroalimentación de su experiencia.
Esta experiencia acumulada por el CEG con el desarrollo de este tipo de acciones, y en particular la participación del doctor Pichardo Almonte y su acompañamiento al trabajo con hombres agresores, permiten afirmar que en la República Dominicana la violencia de hombres hacia mujeres tiene sus raíces en la cultura de dominación y las desiguales relaciones de poder entre hombres y mujeres, y que es fundamentalmente esta jerarquía social la que genera las condiciones para el maltrato masculino y para su aceptación pasiva por parte de las mujeres, lo que a su vez crea en la sociedad la percepción de que se trata de un fenómeno natural e inevitable.
Pese a que las estadísticas revelan que en más del 90% de los casos de violencia denunciados las agresiones provienen de hombres, las iniciativas dirigidas a prevenir y a atender la violencia basada en género desarrolladas en el país han estado enfocadas en las mujeres, dejando de lado el trabajo con la población masculina.
Así, al priorizar la atención de las víctimas se ha estado actuando sobre las consecuencias de la violencia sin que estos procesos hayan sido acompañados del suficiente trabajo con hombres para desmontar las causas de sus comportamientos violentos.
La atención a la masculinidad violenta, reclama de la organización de un programa coherente y sostenido que identifique y tipifique las acciones violentas, mediante procedimientos que conduzcan a la superación de este tipo de relación desigual de poder.
Entendemos que estas consideraciones deben constituir el enfoque desde el cual se aborde la problemática de la violencia contra las mujeres para construir un modelo de atención que contrarreste esa masculinidad que potencia la agresividad y el maltrato como ejercicio de poder.
A partir de este enfoque, las políticas y los programas que se diseñen desde cualquiera de los sectores y actores involucrados, como salud, justicia, educación, ayuntamiento, organizaciones sociales y comunitarias y medios de comunicación deben abocarse a dos líneas fundamentales de trabajo: 1) la atención, y 2) la prevención.
La atención implica considerar la situación de las víctimas y de los agresores. Significa entender y actuar desde los poderes públicos para enfrentar la desprotección de quienes reciben agresiones físicas, verbales, emocionales o económicas, y se ven impotentes frente a las mismas, por razones emocionales o materiales, e implica que el sistema de salud se ponga en condiciones de diagnosticar la violencia como causa de múltiples problemas en la salud.
También significa que se entienda y actúe para la aplicación de la ley que penaliza la violencia, sancionando a los agresores y contribuyendo a impedir su reincidencia.
La prevención es un proceso de sensibilización, educación y concienciación que involucra a todos los actores sociales para el fomento de relaciones armoniosas en los hogares y en las comunidades, basadas en el respeto, la confianza, la solidaridad y el amor.
Para el Centro de Estudios de Género la respuesta al problema de la violencia de género requiere de un sistema integral de atención que articule todos los actores en una perspectiva de garantía de derechos, con la participación conciente y comprometida de los sujetos directamente involucrados. Implica, asimismo, la responsabilidad y apoyo comunitario para la promoción de nuevas formas de relacionamiento.
Con la presentación de la propuesta de su modelo “Abordaje desde la cultura de la dominación: Androcentrismo, prevención de la violencia basada en género e Intervención con hombres agresores”, el Centro de Estudios de Género pretende contribuir a potenciar la efectividad de las intervenciones que se vienen realizando desde las distintas instancias públicas y privadas del sistema de atención a la violencia contra las mujeres, desde los roles rectores de las secretarías de estado correspondientes, para lo cual se necesita cohesionar una visión común en los diferentes programas que se ejecutan y que los enfoques de género y de derechos sean los sustentos legitimadores de las acciones de las instancias garantes de derechos en nuestro país.
Resumen del Modelo
Abordaje desde la “Cultura de la Dominación”:Androcentrismo, prevención de VIG e intervención con hombres agresores,
de Angel Pichardo Almonte
Introducción
La masculinidad comprende comportamientos, símbolos, percepciones y actitudes que refuerzan un accionar de dominio desde el género masculino. A partir de este concepto y su relación a la estructura patriarcal, se ha venido definiendo, en la sociedad, lo que es válido o no, aceptación dentro del espacio público, estructuras institucionales/sociales y los roles de los seres humanos.
El estudio de la masculinidad ha sido realizado a partir de diferentes enfoques. Los principales son los siguientes: el médico-biologicista, el psicoanalítico, el de arquetipos, el de género y el de la cultura de dominación.
El enfoque médico-biologicista define la masculinidad como “biológicamente predeterminada” a partir de profundizar en los posibles efectos de la anatomía y fisiología en el desarrollo de la conducta humana.
Por otro lado, el enfoque de arquetipos, define la masculinidad a partir de ‘cuatro arquetipos (guerrero, amante, mago y rey)’ como una especie de “guía” al accionar del hombre.
El enfoque psicoanalista, propone la importancia de la identificación del niño con la figura parental de un mismo sexo. “El niño va renunciando al vínculo emocional con su madre, y pasa a identificarse con las características que él percibe de su padre: dominante, opresivo y, en algunos casos, castigador”.
Desde el enfoque de género, la masculinidad es vista como una construcción histórica y social, por la cual, debido a las características biológicas del hombre o la mujer, se le asignan a cada persona, según su sexo, roles socialmente “promovidos y aceptados” que establecen relaciones desiguales de poder .
El modelo Abordaje desde “Cultura de la Dominación” Androcentrismo, prevención de violencia basada en género e intervención con hombres agresores, toma distancia de los enfoques médico- biologicistas y psicologistas que asumen que el comportamiento de los hombres que ejercen la violencia en sus relacionamientos se debe siempre a procesos patológicos, lo cual impide profundizar en sus causas socioculturales.
El enfoque Cultura de la Dominación se basa en el análisis integral de una estructura de pilares que avalan el dominio, la opresión y la explotación en las relaciones entre los seres humanos y entre éstos y su entorno
Uno de estos pilares de la dominación es el androcentrismo, que sitúa al
hombre-macho- masculino-varón como centro de la vida y referencia de todo cuanto le rodea, apoyándose en el machismo para el dominio sobre la mujer. A través de la masculinidad, “ser hombre” se refiere a, ser dominante, opresivo y tener control y poder sobre lo femenino.
Dentro de este modelo, es fundamental que el agresor reconozca que sus acciones violentas no se deben a la pérdida de control de sus impulsos, sino a lo que él percibe como pérdida de control sobre su pareja. Y, además, que toda acción de violencia tiene intención y direccionalidad.
Durante el proceso de intervención, se integran distintas técnicas de relajación y auto-conocimiento que permiten a los hombres entrar en contacto con ellos mismos a través de la corporalidad, pensamientos positivos y sentir el propio estado de conciencia.
Este modelo consta de nueve pasos que se agrupan en las tres siguientes fases:
PRIMERA FASE: El hombre que ejerce violencia reconoce su condición de agresor, como única manera de iniciar la superación de su problema. Esto significa el desarrollo de un proceso individual y colectivo de identificación de su perfil como agresor, y de su comprensión de que la violencia basada en género es un recurso que utiliza como mecanismo de dominio y sometimiento.
SEGUNDA FASE: El agresor asume su responsabilidad al reconocer y desmontar los mecanismos de defensa que él utiliza para justificarse, como son: culpabilización de la víctima, minimización de la violencia, negación de sus acciones y triangulación (alcohol, drogas, un mal día en el trabajo, etcétera).
TERCERA FASE: El hombre asume y reafirma su compromiso con el cambio y un rol activo en la promoción de un proyecto histórico colectivo de transformación, que involucre el desmonte de los demás pilares de dominación (no sólo androcentrismo), aportando a la construcción de relaciones igualitarias fundamentadas en la cultura de la solidaridad.
El trabajo con hombres es un desafío necesario y urgente que impulsará cambios culturales para un relacionamiento cotidiano basado en el respeto a la vida en dignidad. Se precisa un abordaje que, al tiempo que contribuye a identificar la violencia en los hombres como una forma errada de relacionamiento, permita construir desde la realidad de los hombres, formas solidarias que privilegien el respeto a la integridad de las personas. A partir de este trabajo centrado en el enfoque de género y el análisis de la cultura de la dominación se superan los estereotipos de género, desarrollando alternativas de lo que supone ser hombre, originando un nuevo referente de masculinidad.
Santo Domingo, 4 de junio, 2004
Tambien constituyen pilares de la dominación el racismo, el adultocentrismo, el antropocentrismo, entre otros
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